Discontinuidad Funcional de la Rambla Medular de Arrecife


Una aproximación al principal motivo que causa la infrautilización peatonal y como espacio público de esta interesante y potencial infraestructura viaria de Arrecife

De todos los aspectos regulados en el planeamiento de una ciudad, uno de los que más repercute en su desarrollo y estructuración es la red viaria. El entramado de carreteras, vías medulares, calles, vías peatonales, …, que la conforman es uno de los aspectos que más configura y condiciona el ordenamiento del espacio físico y sus usos. La calle, en el más amplio sentido del término, acoge gran parte de las actividades que los ciudadanos desarrollan en el ámbito no privado y, por ese mismo motivo, su tratamiento ha sido y es objeto de multitud de trabajos y estudios. Sin embargo, en el enorme crecimiento que han experimentado muchas ciudades españolas en los últimos 30-40 años, se ha evolucionado hacia un aumento de la privatización de la vida cotidiana, sin lugar para la comunicación ni espacio para las actividades no programadas (…) y (…) se han construido calles llenas de usuarios, pero vacías de riquezas de interrelaciones (Manchón y Santamera, 2000).


Las nuevas tendencias van en la línea de intentar corregir lo señalado por esos y otros autores. Ejemplos son los proyectos de peatonalización y/o redimensionamiento de aceras que se están llevando a cabo en multitud de ciudades, incluida la nuestra. Sin embargo, no se trata tanto de expulsar al vehículo de la calle como de proponer un análisis sobre el reparto funcional de la red viaria y de los espacios públicos entre sus usuarios. El diseño y funcionalidad del transporte público y privado, la disposición y calidad de los carriles bici, de las áreas peatonales, las zonas verdes y parques, …, todo suma y conforma el espacio y su pulso. Por todo ello, por su importancia, es necesario un continuo seguimiento de esos recursos, no basta con limitarse a seguir o interpretar lo dispuesto en los planes generales o de ordenación. En este sentido, los espacios públicos no viarios tienen un papel fundamental en la trama urbana, pues con similar relevancia a la red viaria pueden marcar el aspecto vital de una ciudad, enriquecer o condicionar la calidad de vida que ofrecen y, con todo, condicionar o incluso marcar el carácter de sus habitantes.

En multitud de libros y artículos de urbanismo se plantea que ambos elementos estructurales, vías y espacios públicos, no deben ser vistos como elementos espaciales independientes. En esa línea, se señala que deben ser planificados o reordenados con el mayor grado de intercomunicación posible, pues el éxito funcional de ambos como elementos de comunicación y conexión depende de ello.Vamos a la avenida marítima a correr y atravesamos tramos de la ciudad que en ese mismo instante otros recorren para ir a trabajar, a comprar. Todo se interconecta y confluye, de ahí su importancia, y en la mayoría de las ocasiones todos esos procesos generan sensaciones e improntas que (casi) inconsciente nos van modelando.


En Arrecife encontramos al menos dos claros ejemplos de cómo la continuidad entre elementos, vías y espacios públicos, puede marcar el éxito o “fracaso” de este tipo de infraestructuras: la Avenida Marítima (Charco de San Gines, Cabildo, El Cable, …) y el paseo de la Rambla Medular (desde Naos hasta la salida Sur). Una simple foto a casi cualquier hora del día sirve para apreciar el ambiente humano y vital que se respira en la Avenida Marítima en contraposición con el poco uso de la Rambla. Aunque pueda parecer que el intenso uso que se da a la también llamada “avenida de los parques” pueda deberse a su posición en el frente marítimo, por el “tirón” del Mar que tanto nos atrae, es su continuidad y su fácil conexión con otros puntos de la ciudad e incluso con otros barrios y núcleos lo que permite que la avenida tenga tal éxito que tiene. La Rambla, por contra, carece de esta continuidad funcional. Aunque puedan existir otros factores, este es sin duda el que genera la diferencia sustancial entre ambos elementos.

De un sencillo análisis cartográfico de la Rambla Medular de Arrecife se extraen los siguientes datos: Para que un peatón pueda recorrer los aproximadamente 3 km de longitud de la Rambla, deberá salir y entrar 7 veces de la zona peatonal central. Estas 14 interrupciones en el recorrido son debidas a las 8 rotondas que tiene esta vía. Pero eso no es lo más llamativo: para hacerlo, deberá pasar necesariamente por, al menos, 21 pasos de cebra, 8 de ellos regulados por semáforos. Esto genera, entre otros muchos inconvenientes, problemas de seguridad vial, molestias y discontinuidad en la actividad deportiva o de ocio que quiera que estemos realizando. Todos estos problemas son los que generan el desuso. Resulta significativo comprobar cómo debido a todo esto, cuando los usuarios eligen la Rambla Medular para ir con ciertas prisas de un lugar a otro, no por ocio o para pasear, prefieren ir por sus aceras exteriores y no por la propia rambla central, pues así les resulta muchos más cómodo y rápido sortear los cruces transversales.


La solución es bien sencilla y no implica necesariamente unos costes desmedidos que, por otro lado, podrían asumirse como un proyecto a medio-largo plazo, por fases : construir puentes en semiarco que con pendientes suaves y anchos adecuados para el paso de peatones y ciclistas, permita la continuidad funcional que motive y reactive el uso de esta interesante infraestructura. En el parque Schlossgarten, en Stuttgart (imagen de la dcha.) por poner un ejemplo, resuelven las múltiples interrupciones que generan las calles al parque mediante puentes de este tipo, permitiendo que el usuario, ciclista o peatón, cuente con un elemento lineal de comunicación seguro y continuo por el que trasladarse a otros puntos de la ciudad, en el que, además, puede detenerse para descansar, comunicarse con otros o para simplemente estar o hacer ejercicio. Las pendientes suaves implican largos desarrollos, por lo que es necesario un estudio detenido que considere la geometría concreta de cada enlace de la Rambla Medular de Arrecife, pero lo que no parece presentar dudas es que merece la pena el esfuerzo de valorar esta u otras soluciones que busque la conexión entre las “islas” en que han quedado convertidos los tramos de la Rambla Medular de Arrecife.

Con acierto, en los últimos años se han ido instalando a lo largo de la Rambla Medular diferentes elementos de mobiliario urbano y aparatos deportivos que sin duda contribuyen a revitalizar la zona. Sin embargo, en la medida en la que no exista esa continuidad funcional, esta infraestructura de enorme potencial, tanto por su ubicación como por los puntos que conecta, seguirá presentando un uso segmentado que impedirá su crecimiento y desarrollo como motor de vida, comunicación y creatividad para Arrecife.

A otra escala, el siguiente planteamiento propone otra actuación que de nuevo usa la Rambla como factor clave para dinamizar y conectar zonas clave de la Ciudad. Resolviendo la conexión de la Rambla con el frente marítimo, mediante elementos que contribuyan a esa continuidad (con Pto. Naos por el Norte, y por el Sur con el parque frente al Cabildo), y de ésta, a su vez, con otra vía-rambla que alcanzaran las zonas altas de la ciudad, tendríamos una “estrella” que podría constituirse como verdadero eje de conexión de los espacios públicos y de ocio más importantes de la ciudad. Quedarían así conectados a nivel peatonal ciudad alta, zona centro, extremos Norte y Sur de la ciudad y frente marítimo de Arrecife.


Con todo y ahondando en este concepto de continuidad funcional, el ingeniero Cerdà, considerado por muchos el creador del urbanismo moderno, a mediados del siglo XIX (TVU, 1861) plantea que si en el diseño de la ciudad “inter-vías” y vías, es decir edificación y red viaria, son ideas correlativas e indisolubles, lo lógico es ocuparse de ellas simultáneamente. Por eso no es válido improvisar y hacer parques porque sí, como tampoco lo es hacer urbanizaciones o zonas industriales en cualquier sitio, porque la continuidad funcional entre esos elementos debe condicionar y ser parte integrante de las decisiones relativas a su diseño y emplazamiento. En este sentido, la importancia esencial de las relaciones, y en especial de la movilidad, queda expuesta con total claridad en el urbanismo de redes expuesto por Gabriel Dupuy (Dupuy, 1991).

Si queremos que Arrecife sea una ciudad viva, rica en interrelaciones humanas, creativa y con espacios públicos no sólo pensados para pasar, sino atractivos para el estar, comunicarse y disfrutar, como medio para despertar estados de ánimo y sentimientos de conjunto creativos capaces de mejorar su carácter, debemos tener presente este aspecto de continuidad funcional en la configuración de las piezas que la conforman. Por otro lado, se deben hacer esfuerzos por conectar mediante paseos peatonales los barrios periféricos con el corazón y frente marítimo de Arrecife, pues nuestra ciudad no termina en la Rambla Medular y necesita la integración de sus barrios para activar su verdadero pulso vital.

En este sentido, es necesario que las administraciones competentes impulsen el uso de tecnologías de la información que permitan hacer un seguimiento de este tipo de factores e infraestructuras, donde jueguen un papel importante los valores de población y las estadísticas de uso relacionados con las geometrías de los elementos que usamos. Los Sistemas de Información Geográfica son pieza clave en este tipo de estudios. Además, es necesario promover plataformas de aportación ciudadana a través de las cuales incorporar a los estudios la opinión y propuestas de los usuarios, para lo cual los geoportales son una pieza clave, pues con este tipo de plataformas todos los agentes implicados pueden conocer la realidad (o su modelo) e interactuar con los agentes que lo coordinan.

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